PERDÍ UN JUICIO LABORAL CON ALGUIEN QUE NUNCA TRABAJO EN MI EMPRESA

Por Lucas Mailland


Escribo esto para compartir con ustedes algo que me pasó ayer y que es tan triste y frustrante como absurdo. Cosas que uno nunca se imagina que pasen, hasta que pasan.

Hace 3 años estábamos buscando una persona para Producto y justo una chica de otra startup me comentó que tenía muchas ganas de venir a Fichap. Que ella manejaba Producto en su trabajo y que era senior en la posición.

Yo dije: perfecto. Si querés, venite; te podemos pagar X. Pero primero tenés que hacer un examen psicotécnico, que es una cuestión legal en Argentina y que es parte de nuestro proceso de la ISO 9001.

Resultó ser que, en el preocupacional, hablando con la psicóloga que nos hace las entrevistas, la chica dijo algo distinto a lo que me había comentado de su actual posición; además, la psicóloga vio algunas señales de alerta y las comunicó en el informe que nos manda.

Luego de esto, mi equipo le hace una breve devolución y le comenta la inconsistencia entre lo que habló conmigo y lo que habló con la psicóloga; pero, igualmente, le dijimos que la esperábamos el lunes próximo para comenzar.

Para no extenderme: la chica no se presentó el lunes (o sea, nunca trabajó, ni un solo día) y mandó una Carta Documento exigiendo una reparación de 50.000 dólares. Parece gracioso y una fábula… sí. Nos reclamó 50.000 USD.

El intercambio fue de 7 cartas documento y respondimos todas con fundamentos coherentes y fuertes. Era una cuestión fácil de rebatir.

Pero pasó lo peor. Ayer me desayuné con la triste noticia del Banco Santander diciendo que llegó un embargo a nuestra cuenta por 16.000 USD por un juicio que habíamos PERDIDO. Sí, como lo leen: perdimos un juicio laboral de alguien que nunca trabajó con nosotros.

Y lo peor de todo: lo perdimos sin la posibilidad de defendernos, porque nunca supimos que estábamos en juicio.

¿Cómo puede ser? Porque así funciona la notificación: el juzgado manda todo al domicilio legal. Si ese domicilio está desactualizado, no hay plan B. No te llaman, no te mandan un mail, no verifican un contacto alternativo. Y si no respondés, te declaran en rebeldía y el juicio avanza igual.

En nuestro caso, todas las notificaciones llegaron a un domicilio legal viejo de Fichap y, por obvias razones, nunca nos enteramos de nada.

Estoy seguro de que si nos enterábamos, esta chica no tenía la mínima chance de ganar una cosa así; pero, milagrosamente, no nos enteramos, el juzgado avanzó y nos sacaron 16.000 USD.

Y acá viene lo que, para mí, es el corazón de la locura: la ley laboral y el sistema, tal como son (que están completamente rotos), permiten que exista y avance una acción de este tipo. Y no solo que exista: que termine con plata real saliendo de una cuenta bancaria.

Después podemos discutir mil tecnicismos, pero el resultado es brutal: alguien que no trabajó te puede generar un daño económico real y el sistema lo ejecuta.

Me pone triste la situación. Me da impotencia y mucha amargura. No puedo creer que la ley tenga siquiera la posibilidad de habilitar una acción judicial de estas características. Y no hablo de “casos extremos” o “zonas grises”: hablo de sentido común.

Cuesta mucho crear una empresa desde cero. El camino es largo y doloroso, y que, en este trayecto, una chica te saque este dinero porque sí, no tiene ningún tipo de sentido. Desmoraliza. Te invita a seguir sacando lo último que nos queda en Argentina. A dejar de generar puestos de trabajo. A dejar de tener la empresa ahí y pagar impuestos en el país.

Y esto no es casualidad que lo esté escribiendo hoy.

Porque justo ayer se aprobó en la Cámara de Senadores la reforma laboral argentina. Y va de la mano con esto. Si el debate es “modernizar”, “ordenar”, “reducir la litigiosidad” y “hacer un sistema más justo”, entonces primero hay que admitir algo incómodo: la ley y el sistema, tal cual están, permiten estas locuras.

Y encima hay algo que me resulta todavía más amargo: la falta total de empatía y sentido común en el proceso. Sí, el juzgado “reintenta” notificar… pero siempre por el mismo canal, al mismo domicilio.

Estoy seguro de que si buscás “Lucas Mailland” en Google, en 30 segundos encontrás varias formas de contactarme. LinkedIn, email, la web, redes… lo que sea. ¿De verdad no hay un mínimo criterio humano de decir “che, esto no está llegando” y probar por otra vía antes de declararte en rebeldía?

Pero, de nuevo: esto es el agravante. Lo principal es que el marco permite que un reclamo así exista, avance y termine en un embargo. Y con esa combinación, no hay debate: te embargan y te sacan la plata. Fin.

Y de la chica esta, lo único que pienso es: ¿cuánto vale su reputación y su carrera profesional? ¿16.000 USD? Porque ese fue el precio. Y decisiones como esta pesan mucho más que un embargo: te persiguen toda tu vida laboral.

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